domingo, 4 de diciembre de 2011

Plantan con éxito bosques de arbustos en una zona de desierto.

Las preocupaciones sobre el calentamiento global y su impacto en nuestro entorno han impulsado una intensa labor de investigación científica mundial encaminada a reducir los niveles del carbono atmosférico que los humanos liberamos al aire.

Ahora, unos investigadores de la Universidad de Tel Aviv están haciendo una llamativa y prometedora aportación a esa causa, plantando con éxito bosques de arbustos en el lugar menos pensado: el interior del Desierto de Aravá en Israel.

Valiéndose sólo de elementos de ese entorno, como por ejemplo especies de plantas locales, aguas residuales recicladas que no son aptas para la agricultura, y tierras áridas que no sirven para sustentar cultivos agrícolas, un grupo de investigadores que incluye a Amram Eshel y Aviah Zilberstein del Departamento de Biología Molecular y Ecología Vegetal, y del nuevo Centro de Energías Renovables, ambos de la citada universidad, ha descubierto una combinación ganadora.

En muchas partes del mundo, incluyendo a zonas de la India, Asia central y el desierto del Sahara, estas plantaciones ensayadas por el equipo de Eshel y Zilberstein no sólo serían viables en terrenos difíciles, sino valiosas en términos de reducción del carbono atmosférico. Estas plantaciones, en tierras consideradas previamente como áridas, pueden absorber dióxido de carbono de la atmósfera y liberar oxígeno.
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Árboles en el desierto de Aravá. (Foto: TAU)

Aunque preservar los bosques naturales actuales es algo imprescindible, Eshel argumenta que no es suficiente para compensar las emisiones humanas de carbono. Tratando de crear bosques que reduzcan el dióxido de carbono en la atmósfera, muchos países han convertido tierras agrícolas fértiles en ellos. Sin embargo, los investigadores de la citada universidad consideran que fomentar el crecimiento de vegetales en terrenos tradicionalmente considerados como áridos, como los del desierto, es un paso en una dirección mejor.

El ADN de cada persona "recuerda" el estilo de vida llevado en su infancia.

Es obvio que una infancia en condiciones económicas malas aumenta el riesgo de problemas de salud en la etapa adulta, debido al riesgo de la malnutrición y las limitaciones que impone en el desarrollo y en otras facetas. Pero más allá de los efectos obvios, parece haber otros que se aposentan en el ADN y que siguen ejerciendo una influencia nociva hasta por lo menos la edad mediana, según los resultados de una nueva investigación.

El objetivo del estudio, llevado a cabo por científicos canadienses y británicos, era explorar el modo en que las condiciones de vida tenidas en la infancia pueden "integrarse biológicamente" y continuar así influyendo sobre la salud, para bien o para mal, a lo largo de la vida.

Los científicos decidieron estudiar la metilación del ADN, una modificación epigenética que está vinculada a cambios duraderos en la actividad de los genes y por tanto a riesgos potenciales para la salud. En términos generales, la metilación de un gen en algún lugar crítico del ADN reduce la actividad del gen.

El equipo, integrado por especialistas de la Universidad McGill en Montreal, la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver, ambas en Canadá, y el Instituto de Salud Infantil del University College de Londres, centró su análisis en 40 individuos del Reino Unido, participantes en un estudio para el que han sido registrados datos de muchos aspectos de la vida de más de 10.000 personas. 



El equipo de investigación buscaba una asociación entre la metilación de genes, y factores sociales y económicos en la infancia. Los científicos encontraron diferencias claras en la metilación de genes entre las personas que crecieron en familias con un nivel de vida muy alto y quienes crecieron en familias con un nivel de vida muy bajo. Las diferencias en la metilación asociadas al efecto combinado del nivel económico, las condiciones de la vivienda y la ocupación de los padres, durante la infancia de los sujetos de estudio, resultaron ser más del doble que las asociadas con la situación socioeconómica en la edad adulta de los sujetos, en el momento de realizarse el estudio (1.252 diferencias contra sólo 545).

Los resultados, por tanto, parecen aportar una explicación convincente sobre por qué la influencia que sobre la salud se sabe que tiene un bajo nivel socioeconómico, puede durar de por vida, a pesar de que mejoren posteriormente las condiciones de vida.

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